La generación literaria-editorial del 38

Una mirada desde la Fundación Nicomedes Guzmán.

Una lumbre definitiva sobre el carácter de la chilenidad. Nicomedes Guzmán, territorios y trabajo editorial.

El Mito de una Generación asesinada. Héctor Barreto y la masacre del seguro obrero

También somos lo que no queremos ser. Pepita Turina y la escritura femenina en Chile.

Sin preguntarme quien era ni de dónde venía. Armando Méndez Carrasco, el angurrientismo y los extra-muros.

Una contextualización a la generación del 38.

Los libros de la generación del 38.

Una lumbre definitiva sobre el carácter de la chilenidad. Nicomedes Guzmán, territorios y trabajo editorial.

El primer intento por generar vínculos colaborativos por parte de Nicomedes Guzmán fue en su obra Nuevos cuentistas chilenos de 1941, sin embargo, no fue hasta cuando trabajó en editorial Cultura que esta aspiración se vuelve una realidad. A través de esta editorial Nicomedes invitó a varios escritores emergentes a publicar sus primeros libros, los que bajo cuidadas ediciones, fueron masificados a costos accesibles. Publicaron por primera vez en editorial Cultura: Nicasio Tangol, María Carolina Geel, Edmundo Concha, Teresa León, Daniel Belmar y Luis Enrique Délano. 

Además, Nicomedes Guzmán recopiló y aportó a que la Generación del 38 convergiera en diversas colecciones de la misma editorial. Bajo su búsqueda por retratar las culturas populares chilenas, intentó que las diversas geografías literarias pudieran encontrarse entre libros y novelas. Del norte chileno convoca a Mario Bahamonde y Andrés Sabella; del centro del país a Oscar Castro y Gonzalo Drago y del sur a Francisco Coloane, Reinaldo Lomboy, Osvaldo Weegman y Marino Muñoz Lagos. 

El Mito de una Generación asesinada. Héctor Barreto y la masacre del seguro obrero.

Héctor Barreto fue asesinado en Santiago, el año 1936. Las letras, la escritura y con ello también, la figura y semblanza de los escritores en los espacios públicos del país tenían por aquellos años una relevancia política muy importante para la juventud de la década. Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Pablo de Rokha y el mismo Héctor Barreto, habían logrado alzarse como figuras políticas centrales y representantes de las diversas ideologías que organizaban la vida pública. En un confuso incidente, un grupo de jóvenes nazis se enfrentan a un grupo de socialistas en las calles del centro de Santiago. Entre los militantes socialistas se encontraba Héctor Barreto, quien es asesinado de golpes y disparos ante un clima de gran incertidumbre.

Un mito sobre su figura y sus escritos comienza a desarrollarse entorno a él entre los jóvenes literatos de la época. Jacobo Danke es el primer escritor en enaltecer su legado, dedicándole el libro La Estrella Roja del año 1936 al “camarada asesinado” Héctor Barreto Ibáñez. Otro escritor que le dedica –esta vez– su primera obra literaria, es Miguel Serrano, quien en su libro Antología del verdadero cuento en Chile del año 1938, no solo incluye tres de sus escritos en sus páginas, también regala sentidas palabras a la memoria de Héctor Barreto en el segundo aniversario de su asesinato.

También somos lo que no queremos ser. Pepita Turina y la escritura de mujeres en Chile.

La literatura chilena ha sido mayoritariamente un campo dominado por los hombres. Sin embargo, en este álgido año de 1938, podemos encontrar varias escritoras que estaban no solo publicando libros, sino también siendo eje y referencia del pensamiento literario de aquellos años. A pesar de esto, las posiciones y legados de las mujeres dentro de la Generación del 38 han sido invisibilizadas por la historia.

Escritoras como Alicia Morel, Marcela Paz, Pepita Turina, Chela Reyes, Maité Allamand, María Carolina Geel o Marta Brunet, ayudaron a componer las temáticas feministas en la literatura de la década del 30 en Chile. Visibilizar hoy su legado y motivar sus lecturas es una tarea en construcción permanente.

1980-Pepita-Turina.-Dibujo-Santiago-Nattino.-La-vida-que-nos-duele

Sin preguntarme quien era ni de dónde venía. Armando Méndez Carrasco, el angurrientismo y los extra-muros.

El angurrientismo literario ha sido definido por la crítica como un movimiento que, movilizando a los seres más excluidos y menos oficiales de la historia literaria, logró hacer de ellos los protagonistas de sus páginas. Su nombre se debe a la novela de Juan Dodoy los Angurrientos del año 1940. Podemos decir que si Jacobo Danke o Carlos Sepúlveda Leyton nos llevaron hasta los extra-muros de la ciudad, Armando Méndez Carrasco hablaría desde más allá, desde los lugares perdidos para la literatura, los lugares sin nombre, sin memoria.

Las temáticas de las obras de estos movimientos literarios estaban directamente vinculadas con la experiencia de vida de los propios escritores, siendo tanto los callejones, el río y la cárcel los escenarios en donde habitan sus historias. Otra escritora de la Generación que escribió parte de su obra desde una institución penitenciaria fue María Carolina Geel, quien, cumpliendo una sentencia por haber asesinado a su amante en el Hotel Crillón, publicó desde allí su libro Cárcel de mujeres en 1956.